Los Reyes Magos

Érase hace muchos, muchos años, cuando tres hombres muy sabios que vivían en las lejanas tierras de Oriente, iniciaron un largo viaje guiados por una maravillosa estrella. Esa estrella brillaba en el cielo más que ninguna otra, era hermosa, grande y clara, tanto que las demás estrellas quedaron desdibujadas en el cielo nocturno.

Aquellos tres hombres, eran reyes y eran magos y todos supieron que esa estrella anunciaba el nacimiento que habían esperado desde hacía años, era el nacimiento del hijo de Dios. Caminaban a lomos de camellos, vestidos en ricas ropas de seda carmesí con turbantes en sus cabezas. Sus nombres: Melchor, Gaspar y Baltasar.

Tras varios días de viaje, los tres Reyes Magos llegaron hasta Jerusalén y allí pudieron contemplar la estrella más cerca y brillante que nunca, su destino estaba cerca. Prosiguieron unas horas más hasta llegar a Belén y, en la noche silenciosa solo se escuchaba el caminar de sus camellos. Cada uno guardaba la emoción de lo que les aguardaba en su corazón y ninguno era capaz de pronunciar palabra.

Por fin, llegaron hasta la puerta de un establo y, con solemnidad, se acercaron al interior. Allí, acunado entre el heno perfumado, recibiendo el calor de un buey una mula y ante la atenta mirada de sus padres estaba El Niño que sería el salvador de los hombres. Era el Niño Jesús, el hijo de Dios, ante quien se arrodillaron y rindieron tributo.

Pusieron sus ofrendas a los pies del pesebre:

– Oro, por ser un tributo a un rey.

– Incienso, en reconocimiento a su divinidad.

– Mirra, para aromatizar y en reconocimiento al que será su padecimiento.

Y, tras un momento de recogimiento y sin poder apartar la vista del niño Jesús, salieron del establo, volvieron a montar en sus camellos, y abandonaron la ciudad dejando tras de sí tan solo el ruido de los cascos en la noche.

Desde entonces, la madrugada del 6 de enero, fecha en la que llegaron hasta Belén, los Reyes Magos de Oriente recorren el mundo a lomos de sus camellos y acompañados de sus pajes, para llevar ofrendas y regalos a los niños y niñas.


Su simbología

Los estados de conciencia iluminada de la era precristiana vienen simbolizados en la historia navideña por la figura de Los Pastores y Los Reyes Magos. En los pastores de Belén, la clarividencia procedía de su interior y se dirigía a lo íntimo de la Tierra, de los reinos naturales.

En el caso de Los Reyes, era herencia de la antigua sabiduría nacida en la contemplación exterior de los lejanos cuerpos celestes. Estaban inspirados por los restos de los conocimientos sagrados ancestrales de la Antigua India, Persia y Caldea.

Fomentando las aptitudes humanas superiores, accedemos a la escucha del lenguaje natural… las estrellas titilantes y el sol, hablarán a nuestra alma. Y comprenderemos el sentido de la anunciación del ángel navideño que clama.

Esta paz surge en la contemplación espiritual de la naturaleza y del cosmos como lo hicieron nuestros personajes navideños.

  • Melchor que lleva como regalo para el niño recién nacido, ORO:  que representa el pensamiento.
  • Gaspar lleva INCIENSO: representa el corazón, el amor.
  • Baltasar obsequiará MIRRA: representa la voluntad, las energías creadoras.

El ORO tiene correspondencia con el Sol, la sabiduría cósmica, el desarrollo del pensamiento cósmico.
El INCIENSO, planta que una vez se quema consigue despegar el alma del cuerpo y llevarla a las alturas. Limpia y purifica.
La MIRRA es resina con propiedades curativas. Símbolo de esas esencias curativas. Imagen del Cristo que viene a sanar cuerpo y alma.

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