Pedagogía

Educar significa encender una antorcha

Las escuelas Waldorf pueden apoyar a cada niño en su desarrollo individual, porque están basadas en un profundo conocimiento de la naturaleza humana–formada por espíritu, alma y cuerpo–y de los factores que propician el despliegue y realización de las potencialidades del ser humano.

La aspiración de la pedagogía Waldorf es educar a la totalidad del ser humano: su cabeza, su corazón y sus manos. Los programas de estudios combinan armoniosamente actividades intelectuales, artísticas y prácticas. Música, movimiento, canto y pintura no sólo son materias, sino que también se las incorpora como un medio de aprendizaje en materias curriculares como matemática, lengua o ciencias sociales. Éstas también se adaptan dinámicamente a las necesidades y características del niño en sus diferentes etapas evolutivas. Así se incentiva el desarrollo de todas las fuerzas y facultades del niño en su crecimiento: interés por el mundo, creatividad, una moral sana, sensibilidad por el arte, pensamiento propio, habilidades manuales, fuerza de voluntad, inteligencia emocional y virtudes sociales.

Uno de los propósitos fundamentales de la Pedagogía Waldorf es impartir una educación cuyo contenido pueda ir creciendo en el alma del niño a la par de su desarrollo. De esta manera la enseñanza se transforma en un impulso vivo que trasciende el aula de clase acompañando al niño durante todos los años de su vida.

 

“No hemos de preguntarnos qué necesita saber y conocer el hombre para mantener el orden social establecido; sino ¿qué potencial hay en el ser humano y qué puede desarrollarse en él? Así será posible aportar al orden social nuevas fuerzas procedentes de las jóvenes generaciones”

Rudolf Steiner